
Hora de
urdir conjeturas
y adivinar los guiones
de las peroratas sin palabras.
Me queda
el sonido del vino
redondeando la copa,
el párpado fulminante
la lengua entre alfileres.
.
También la niña que en vano sacude
del mantel diario,
las manchas que deja el silencio.
Un gusto conocer tu delicada poesía, Claudia. Conocí tu blog a través de Gustavo Tisocco. Un abrazo!
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